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Claroscuros de salud pública en México y otros países (descarga PDF)

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Claroscuros de salud pública en México y otros países

Derechos Reservados 2012 Andrea Saldaña Rivera

1a. edición, 2012.
Diseño y corrección
Fotografías Andrea Saldaña
srandrea@prodigy.nt.mx
Impreso y hecho en México.
Printed and Made in Mexico.
ISBN en trámite

Descripción

UN PRÓLOGO PARA ANDREA

Claroscuros de salud pública en México y otros países
Largo camino tienen que recorrer las mujeres, aún en nuestros días, para encontrar una forma de expresión propia. Al principio, sólo era posible distinguir su voz por las marcas de género femenino en las palabras, pero no se permitían volcar en tinta sus sentimientos.
“Escribir es perder la mitad de la nobleza” afirmaba adeleine de Scudéry, (conocida tansólo como Mademoiselle de cudéry, la primera literata de Francia, que solía escribir, a riesgo de perder esa mitad de su pedigree, bajo el seudónimo de Safo) También, y por esa razón, publica sus primeras novelas utilizando el nombre de su hermano. Sus obras, como las de la mayoría de las escritoras de los siglos pasados, han trascendido sin que las autoras perdieran la mitad de nada. Aunque algunas tomaron sus precauciones. Un recurso utilizado fue el del manuscrito anónimo que decían haber encontrado misteriosamente en algún baúl abandonado y ellas sólo se encargaron de transcribir. Así reforzaban el anonimato y atribuían a un tercero las pequeñas libertades que se tomaban y que podían resultar peligrosas. Andrea, firmó sus primeros poemas con el pseudónimo de Esther Landívar.
¡Cuántos riesgos! ¡Cuánto padecer se advierte en cada una de las páginas escritas por una mujer, desde aquel lejano entonces, cuando tomó la pluma de ave mojada en tinta, hasta la que hoy en día escribe directamente con bolígrafo o en su computadora!
La vida de Sor Juana Inés de la Cruz es otro ejemplo. Desde pequeña siente inclinación por el estudio, y cuando se ordena monja, cree encontrar el ambiente propicio para desarrollar
sus inquietudes intelectuales. Las autoridades eclesiásticas –machos misóginos- consideran impropio de una religiosa escribir obras de teatro, poemas de amor, y exponer sus opiniones filosóficas ante grandes teólogos. El castigo que le imponen es cruel y perverso: debe renunciar a su biblioteca y a su telescopio con el que observa las estrellas. Sor Juana no es la única, cientos de mujeres abandonan la literatura o cualquier otro tipo de expresión artística agotadas o desilusionadas ante obstáculos imposibles de franquear. Así, Gustav Mahler, el gran músico de origen checo, prohibió a su mujer Alma Schnider componer música por temor a que ella lo eclipsara con su talento. “Que duro es ser tan despiadadamente privada de lo más cercano al corazón”, escribió ella en su diario. Y no fueron pocos los “escritores” que alcanzaron el éxito firmando como propias, novelas de
sus mujeres.