Mujeres escritoras

Si digo NO, es NO…

Si digo NO, es NO...
Recomendado por Andrea Saldaña Rivera

 

Andrea Saldaña.

#cuentalo

 

Él era profesionista, con su carrera en ascenso. Cuerpo atlético, rostro agradable, manos suaves, buscando con frecuencia las de ella. Era la primera vez que ella visitaba la ciudad donde él acababa de mudarse. Él había aceptado la Dirección de una importante empresa en esa ciudad, bastante lejos de donde ella vivía.  Cenaban en el Restaurante del Hotel donde ella se estaba alojando.

Hablaban del trabajo, uno de los temas de conversación que ninguno agotaba. Tenían poco tiempo de haber empezado una relación…¿de amistad? El cantaba en su oído, quedo, tierno y apasionado a la vez, había atracción mutua, ella sonreía halagada por el cortejo.

Más tarde, ella vio el reloj, sugirió dar por terminada la velada. El pidió la cuenta y empezaron a planear la cita para el día siguiente. Caballeroso como siempre la tomó del brazo para acompañarla a su habitación. Caminaron lento, su voz y sus miradas hablaban a la vez, querían prolongar el tiempo y la cercanía.

Al llegar frente a su habitación ella abrió la puerta y volteó para despedirse, él la abrazó y la empujó bruscamente hacia dentro, cerró la puerta tras de sí. Su fogosidad podría explicar que buscara sus labios, el beso, el primero entre ellos, era apasionado pero muy diferente de lo que ella había imaginado. La incredulidad la paralizaba, se sintió avergonzada, culpable, tal vez había enviado señales equivocadas. Se preguntaba que había hecho mal.

Pensó que la excitación del momento no le permitía expresar el miedo que ella estaba sintiendo, aún así repetía… NO, NO. Esas manos habían aprisionado sus brazos. Su cuerpo se pegaba con fuerza al de ella empujándola… hasta hacerla perder el equilibrio. Cayeron sobre la cama, quiso gritar, pero se dio cuenta que esos labios se habían vuelto una perfecta mordaza sobre su boca.

En tanto más se resistía, el usaba más fuerza para controlarla, empezó a desabrochar su vestido, ella sintió lágrimas de impotencia saliendo de sus ojos. Recordó aquella frase, ¿como era? “ Rendirse es de cobardes, más rendirse por completo y enfrentar las consecuencias, eso, es de valientes” …respiró profundo, fingió serenidad, aceptación, dejó de forcejear, su docilidad pareció sorprenderlo, entonces él aflojó la presión de sus labios y ella correspondió a la caricia. Ella, se concentró en la atracción y el deseo, su cuerpo entendió y la respuesta sexual no se hizo esperar, reconoció que tales estímulos la habían llevado a la fase de excitación.

Por ello él, más confiado, soltó uno de sus brazos y aunque seguía sujetándola con el otro brazo empezó a acariciarle el rostro suavemente, ella usó su brazo para abrazarle mientras seguía besándolo, le susurró al oído, “…déjame quitarme la ropa”, por fin, él la soltó y empezó a aflojarse el cinturón de su pantalón. Por algunos segundos ella empezó a desabotonarse el vestido, luego, ante su sorpresa… ella saltó de la cama, fue hacia la puerta y salió corriendo hacia la administración del Hotel.

Al llegar a la recepción no supo que hacer, esperó unos minutos, estaba segura que él se aparecería. Llegó minutos después. La enfrentó como si nada hubiera pasado. “¿Por qué hiciste eso? le preguntó él en voz baja, Somos adultos, nos atraemos ¿que esperabas? ¿Qué, aún no me conoces?”  Ella hubiera querido gritarle “te acabo de conocer”, pero su voz aún no estaba lista. 

En su mente escuchaba desde estadísticas: “8 de cada 10 violaciones se dan por la pareja”, “perfil de agresores muestra diversidad en el nivel socioeconómico o educativo”, hasta listado de respuesta de las víctimas de violación “vergüenza, miedo, sentimiento de culpa” sus errores “callar el evento” y aciertos que ayudan en el proceso de recuperación “ visibilizar el suceso, obtener pruebas, testigos, denuncia, buscar apoyos legales, psicológicos, grupales…”

 Si digo NO, es NO…

Lo enfrentó, con desdén en su mirada lo recorrió de arriba abajo. Frente a él, le pidió a una empleada de la recepción que la acompañara a su habitación. Levantando la voz para que todos la escucharan le sugirió que tuvieran cuidado con ese hombre, porque había tratado de abusar de ella. Agregó el nombre, cargo y lugar donde trabajaba pidiendo que lo anotaran. La cara del tipo mostró sorpresa y rabia. Se retiró de inmediato.

 

Ella caminó con la empleada hasta su habitación. Le pidió que tomara fotos de su bolsa que permanecía en el piso lo mismo que las llaves. Le dio las gracias. Luego de cerrar la puerta, empezó a temblar. Sentía su cuerpo frío. Un llanto suave empezó a mojar sus mejillas amenazando con quebrarla. Limpió su rostro, alzó la frente y se miró al espejo, entendió que necesitaba desahogar su angustia… respiró profundo, suave y sonrió. Frente al espejo sus ojos le regresaron una imagen más calmada, casi podría decir que satisfecha de su respuesta. La inicial sonrisa se fue transformando en… risa, primero tímida, luego, tuvo que encender la televisión apenada por esa fuerte risa que surgía incontenible. Recordaba el suceso, cada fragmento, desde su propio asombro, su miedo, la confianza de él cuando ella le hizo creer que se rendía, su sorpresa cuando ella saltó de la cama y salió corriendo. Todos los detalles de la situación volvían a repetirse en su mente, sobre todo… volvía a evocar la expresión de incredulidad e ira en su cara, eso le causaba mayor satisfacción, tomó unas hojas de papel y escribió los hechos con los que he redactado la historia.

Recordó que crisis es la palabra para reconocer un peligro, pero también una oportunidad. He visto su desarrollo personal, le propuse agregar otra frase al texto, no recuerdo de quien es pero me parece que queda perfecto, dice, “La crisis de hoy es el chiste de mañana” Volvió a reír y aceptó. Ella dio todos los pasos que le ayudaron a pasar de víctima a sobreviviente en un proceso de transformación que hoy comparte con otras mujeres.

¿Y el agresor?

Jamás volvieron a cruzar palabra. Ella le obsequiaba una irónica sonrisa cuando lo encontraba, lo miraba con desprecio, directo a los ojos… hasta que él bajaba la mirada. Él, fiel a las palabras de Platón “La burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan”, nunca la perdonó. A ella, eso jamás le importó, porque la conozco, puedo asegurarlo.

 

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Si digo NO, es NO...
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Ella dio todos los pasos que le ayudaron a pasar de víctima a sobreviviente en un proceso de transformación que hoy comparte con otras mujeres.
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Andrea Saldaña Rivera