Andrea Saldaña Mujeres escritoras

Emergencia inolvidable. Lección de vida.

Emergencia inolvidable. Lección de vida.
Recomendado por Andrea Saldaña Rivera

Andrea Saldaña/Mujeresdehoy.mx/Revistaelite.mx

“Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, lo hicisteis conmigo”.

Este relato es verídico. Decidí titularlo: Emergencia inolvidable. Lección de vida. Estoy convencida. Muchas ocasiones, lo que nos ocurre, tiene un motivo de aprendizaje. En las más pequeñas cosas podemos encontrar una o más razones para hacerlo. Nunca imaginé que llevar a mis hijos a su clase de Inglés sería tan aleccionador. La maestra daba clase en su domicilio.

Apenas toqué la puerta, apareció ella. Bañada en lágrimas, el rostro descompuesto, solo alcanzó a decir “…se muere, se muere, ayuda por favor”. Como enfermera, probablemente había participado en más de 100 eventos para la atención de incidencias, urgencias y hasta catástrofes. Por lo tanto, lo primero que hice fue tranquilizarla y pedirle que me llevara ante el paciente. Sin embargo, fue toda una sorpresa. “...se muere, se muere“, seguía diciendo, “se muere, mi pajarita...”. En ese momento y ante mi sorpresa, colocó un ave en mis manos.

Emergencia inolvidable. Lección de vida.

Probablemente por ello recordé una de las frases entre chuscas y filosóficas de uno de mis maestros: “cuidado, acuérdense que si no saben, no metan mano, porque meten la pata“. La pajarita apenas podía respirar, yo no sabía nada de veterinaria, pero la taquipnea era síntoma inequívoco de emergencia. Por lo tanto puse gran cuidado al revisarla. Encontré una gota de sangre en lo que sería una pequeña abertura, si no estuviera obstruida por lo que parecía ser …¿un huevo? Sentí especialmente su abdomen distendido. Al parecer el ave reaccionaba con dolor cuando lo tocaba.

Pude intuir letargo y debilidad por sus ojos cerrados. Mantenía su pico abierto en busca de aire. Mi mente se atrevió a sugerir casi un diagnóstico: retención de huevo. Pedí un poco de aceite y traté de lubricar los bordes que asomaban entre las plumas, ligeramente manchadas de sangre. Le indiqué traer un gotero con agua y colocamos una gota en su pico. Pensé que habría que prevenir la deshidratación. Encontré tragicómicos mis pensamientos, pero actué como una profesional. Sabía que requería de ayuda especializada para la extracción …quirúrgica??? oooops. “¿Sabe de algún veterinario cerca?”.

Emergencia inolvidable. Lección de vida.

Fuimos en mi vehículo. Luego de entregar el ave al profesional, pude comprender el sentimiento de alivio de los familiares de mis pacientes, cuando llegan al área de urgencias. Esperamos junto a la maestra. Consecuentemente nuestra ansiedad tenía dos diferentes motivos. La de ella obedecía a sentimientos por esa ave. Debo confesar que la mía, era más por el temor de no haber realizado lo necesario. Imaginaba al veterinario saliendo… con el ave en sus manos y una mirada acusadora en busca de la responsable.

Empezamos a tranquilizarnos. El consultorio estaba suavemente iluminado, además había música ambiental, relajante, a un volumen bajo, apenas perceptible.  La entrada de nuevos pacientes rompía la monotonía. Especialmente relevante me pareció la inmediatez de la atención. Al menos, los canalizaban a un cubículo cerrado. Tranquilizaban a sus acompañantes quienes permanecían junto a nosotros, en la sala de espera. Por contraste, recordé el área de urgencias del hospital donde trabajaba. Ahí, es frecuente la mutua observación entre las y los pacientes. Consecuentemente he pensado que esto impide que se relajen. Probablemente las imágenes de  pacientes accidentados, ensangrentados, quejándose ellos y hasta gritando algunos de sus parientes, dificultan los esfuerzos del personal para calmarlos y atenderlos. Estoy segura que esto contribuye a agravar su situación. Concluí que extremar la tranquilidad y la seguridad física y emocional, es igual de importante para las personas y cualquier especie del reino animal.

Moraleja.

¿Y que pasó con la pajarita? Finalmente el veterinario salió con ella, superada la crisis paso a ser una Emergencia inolvidable. Lección de vida. Explicó que había tenido que vaciar el huevo, para poder extraerlo. Nos felicitó por las medidas que habíamos aplicado. Desde entonces, estoy convencida que toda enseñanza sirve de lección para la vida. En especial si además de ayudar aporta conocimientos, actitudes y habilidades. También es necesario evitar prejuicios y estereotipos. Prepararnos para lo que nos toca vivir. Confiar en nuestras capacidades y estrategias. Estar siempre dispuesta a aprender, es todo.

Resumen
Emergencia inolvidable. Lección de vida.
Articulo
Emergencia inolvidable. Lección de vida.
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Emergencia inolvidable. Lección de vida."se muere", decía ella, "se muere mi pajarita...". En ese momento y ante mi sorpresa, colocó un ave en mis manos.
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Andrea Saldaña Rivera