Andrea Saldaña Mujeres escritoras

El cariño por su abuela.

Recomendado por Andrea Saldaña Rivera

 

El cariño por su abuela. Era uno de los sentimientos que la acompañaba desde siempre. No sabía si era temor o timidez. La recordaba tan diferente. Sin embargo, trataba de sobreponerse.  Las fotos en la sala mostraban un rostro bello, una mirada cálida y una sonrisa amplia.  El cariño, los abrazos, los cuidados, las anécdotas y hasta las bromas se mezclaban en su mente.

Surgían especialmente cuando se acercaba a la recámara donde estaba ella, postrada por los años. La inmovilidad de no sabía que enfermedad carcomía diariamente sus días. https://ansiedadesclinicas.com/2012/03/14/sensacion-de-muerte-inminente/Se preparaba para el monólogo. La abuela no hablaba. Una más de las secuelas. Contestaba afirmativa o negativamente apretando una o dos veces la mano de su visitante.

Escuchó a su madre, hablaba con la abuela. Esperó para no interrumpir el momento. Le decía a la abuela ¿Te gustaría ver el atardecer frente al mar? Y luego de unos segundos agregó ¿Qué te parecería un recorrido por Tampico y la playa de Cd Madero?, “Hecho” fue la misma voz. “, Bueno, pero será mañana, hoy tengo que ir al médico”. La sorpresa la inmovilizó por unos segundos. Hacía años que la abuela no salía de su recámara.

Algo desconcertada caminó unos pasos hacia la sala simulando su llegada. “Hola mamá”, saludó acompañando con un beso sus palabras. “Hola hija, pasa, ¿vienes a saludar a tu abuela? Luego de asentir en silencio, tomó todo el aire que sus pulmones le permitieron. Entró, esbozando una sonrisa.

El cariño por su abuela.

Pensó que, a veces, la muerte tiene un preludio. En el caso de la abuela todos sabían que estaba a punto de partir. Tomaron la noticia con tristeza, sin preguntas. Cosa de los años, fue la conclusión. Todos sabían que el tiempo podría ser un instante o parecer una eternidad. Saludó a la abuela poniendo la cara más alegre que pudo. Besar la frente y las mejillas era todo un ritual, que no siempre podía terminar sin emoción. Se controlaba. Su madre les había advertido de la importancia de hacer pasar buenos ratos a la abuela. “Mientras la abuela esté viva, haremos lo posible por cumplir con todos sus gustos”. Les había advertido.

La abuela se durmió. Ella recordó el ofrecimiento de su madre sobre ese atardecer en Tampico, Tamps y en la playa de Madero. Pensó que el fin de la abuela tendría que estar más cerca. Se preguntó si ese ofrecimiento tendría algo que ver con “la última voluntad”. Habría que preguntar. Siempre consideró que, si pudiera, a ella le gustaría esperar la muerte, frente al mar. Sería porque las imágenes, silencios y sonidos de todos los elementos generan diferentes emociones. Desde la lentitud del vuelo de las aves, hasta el sollozo de los cetáceos en el fondo del mar, todo contribuye para imaginarlo como un desenlace digno, un vibrante y conmovedor final.El cariño por su abuela. Más intenso cada día. Podía entender ese último deseo. Es más común de lo que una espera.   http://www.upsocl.com/mundo/anciana-queria-cumplir-su-ultimo-deseo-antes-de-morir-entonces-un-paramedico-la-lleva-al-mar/

El cariño por su abuela.

La abuela despertó y ella aprovechó para preguntarle ¿Así que quieres ver el atardecer en el mar? Un fuerte apretón de manos fue la afirmativa respuesta. ¿Recorrer Tampico y llegar a la playa de Madero, Precisamente? Nuevamente el apretón afirmando la respuesta. Estuvo unos minutos más y se despidió. Tenía que regresar a la oficina donde trabajaba como ejecutiva de una importante firma.

Por la tarde una llamada vino a romper la monotonía. Avisaron del Hospital que su madre había sufrido un accidente. El médico les informó que el traumatismo le dejaría inconsciente varios días. Pero que las posibilidades para recuperarse eran muy buenas. La familia se organizó para turnarse. Ahora tenían el cuidado de la abuela y de su madre. Luego de unos días notó que su abuela estaba muy intranquila. Le informó que su madre estaba en el hospital para justificar su ausencia, pero no que estaba inconsciente. El médico fue llamado. Luego de revisar a la abuela confirmó lo que ya sabían “cuestión de horas o días”.

Recordó el ofrecimiento de su madre y volvió a preguntarle a su abuela. ¿Así que quieres ver el atardecer en el mar? Un fuerte apretón de manos fue la afirmativa respuesta. ¿en la playa de Madero, Tamps. Precisamente? Nuevamente el apretón afirmando la respuesta. Imaginó los recuerdos de su abuela. Vivió muchos años en esa ciudad. Las anécdotas de sus visitas a la playa eran repetidas con frecuencia por la abuela a toda la familia.

El cariño por su abuela.

La última voluntad.

Habló con dos de sus hermanos, les planteó su temor respecto a la “última voluntad” de su abuela. https://fitnesslifestylehealthclub.com/cuidado-de-la-salud/hacer-frente-a-una-muerte-inminente.html Después de analizar y discutir por varias horas lo decidieron. Entre los tres llevarían a la abuela a ver el atardecer en el mar de Cd Madero, Tamps. Los demás hermanos quedarían al cuidado de su madre. Rentaron una limusina y salieron por la mañana con la abuela.

Evocó el recorrido de San Luis Potosí a Tampico por la “carretera vieja”. Iba al lado de su abuela, quien se veía feliz. Llegaron al Restaurante de Santa Catarina, al mejor. Recordó que su abuela disfrutaba del platillo típico del lugar. “Una probadita” le dijo ofreciendo cuidadosamente el guiso para el almuerzo. La abuela lo comió todo sin hacerse del rogar.

Siguieron el camino, pero la abuela empezó a quejarse y terminó vomitando. “Ooops creo que le hizo daño” comentó con sus hermanos. Luego de discutir acaloradamente recriminandose mutuamente  terminaron por entender que, como dice el refrán “a palo dado ni Dios lo quita”. Le dieron algunos antiácidos y un antiespasmódico. El cariño por su abuela. Seguramente eso fue lo que le ayudó  a contener la náusea. Se puso a limpiar los asientos y con un “aromatizante” terminó por dejar  la limusina “como si nada hubiera pasado“. La abuela se durmió y siguieron camino. Por la tarde llegaron a la playa de Cd. Madero, cerca de Tampico, Tamps.

El cariño por su abuela.

La última voluntad.

Estacionaron frente al mar, abrieron la portezuela y la abuela pudo verlo. Las olas estaban bravas y el aire corría suavemente. Disfrutaron en silencio un par de horas. Todo había valido la pena. La última voluntad de la abuela se había cumplido. Unas lágrimas brotaron suavemente de los ojos de la abuela, los nietos las sintieron como propias. El momento era tal como ella lo había imaginado …” las imágenes, silencios y sonidos de todos los elementos generan diferentes emociones” Ahora estaba segura que habían hecho lo correcto.

El regreso fue más apacible. La abuela durmió todo el camino. Incluso tanto, que en momentos se acercaba a su rostro, solo para constatar que siguiera respirando. El teléfono interrumpió sus pensamientos. Era la voz de su madre, no se escuchaba muy contenta aunque si muy recuperada.

El cariño por su abuela.

¿A donde se llevaron a la abuela?

Pero que fregados andan haciendo con la abuela”. Luego siguió un desfile de improperios incluyendo palabras que nunca antes le había escuchado. Las recriminaciones le impedían articular palabra. Cuando al fin pudo explicar la odisea, el buen final de la misma y asegurarle el buen estado de salud de la abuela, la madre empezó a reírse.

Por más que su madre trataba de hablar, la risa se lo impedía. Al fin se calmó y le dijo “Pero si serás pendeja, tu abuela mira diferentes videos en su televisión. Ese día que escuchaste yo le preguntaba cual video quería ver para ponerlo al día siguiente”.

Al llegar a casa, entre los tres hermanos cargaron a la abuela de regreso a su habitación. A ella le pareció que la abuela tenía en su rostro una pícara sonrisa. La llamó quedamente al oído “Abuela, abuela, ¿estás bien?”.  La abuela apretó la mano afirmativamente, sonrió… y le hizo un guiño con los ojos.

 

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El cariño por su abuela.
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El cariño por su abuela.
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El cariño por su abuela. Era uno de los sentimientos que la acompañaba desde siempre. No sabía si era temor o timidez. La recordaba tan diferente.
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Andrea Saldaña Rivera